25 abril 2012

Fandiño se ha quedado sin dedos

Titulábamos el reciente 20 de abril, ayer como quien dice: «Fandiño entrará en la Maestranza». Y escondida entre párrafos quedó la frase: «Más pronto que tarde». Hoy es fácil y mi suerte me colma de felicidad. Iván Fandiño entró ayer en Sevilla. Torero en sazón que venía pregonando su momento. Incluso cuando las cosas no salieron. O cuando han salido tan cuajadas como en Valencia. Por concepto clásico, valor y asiento para hacerlo. El toreo.

La diosa Fortuna también apostó en esta duocémia tarde de la Feria de Abril por el torero de Orduña, que lo será de mil sitios. Pero siempre hay que estar preparado para el día D y la hora H. Y en sus manos cayó el lote, con los matices a analizar que se quieran, de la corrida de Victorino Martín para desgracia de su contrincante, David Mora. En el envite de ambos, mano a mano, coincidieron en terno, rosa y oro.

Sólo en eso. Lejos quedaron los tiempos en que los mozos de espada se hablaban para evitar las coincidencias; el punto de elegancia lo aportaba el vestido azul marino y oro de Antonio Fernández Pineda, que ocupaba el puesto de sobresaliente. Como lejos queda, que no en el olvido, cuando Victorino venía a Sevilla con corridas de irreprochable trapío. La victorinada de ayer se salvará por otros motivos diferentes a la fachada. Habrá quien analice la botella medio llena y quien la vea medio vacía. Pero el envase de la escalera...

Fandiño respiró toda la tarde con convencimiento y fe. Lanceó con porte a un victorino de enjutas y escurridas carnes; por detrás la visión se asardinaba. Su comportamiento se definiría prontísimo en el capote, cosa rara en toros por definición cambiantes. Viajaba por el pitón derecho y se metía por el izquierdo. Así que las verónicas y la media arrebujada de Iván Fandiño sucedieron por la mano cabal del toro. El planteamiento con la muleta, por supuesto, también fue diestro. Un punto andarina la embestida en principio, a más y mejor con el mando y el gobierno de encaje. Fandiño se puso al natural para que el personal, frío en estos albores, comprobase que por allí no había ni uno y que sólo habitaba el peligro. La obra tuvo mejor tono que eco. Serviría para calentar motores.

Saltó el siguiente de su turno, por nombre Cobretero. Zancudote, de cara abierta y escaso perfil, los cinco años cumplidos. Suelta salida y alegría en el caballo, a la que también contribuyó Aguado con la vara. Sería el toro de la corrida por bravura y estilo. David Mora casi resultó volteado en su intervención por chicuelinas. El capote se interpondría. Fandiño interpretó con clarividencia su izquierda con prontitud. Naturales embrocados en terrenos cercanos a la puerta de arrastre. Bien de verdad. Decidió el matador sacárselo a los medios y dudo de que la decisión ayudase: la siguiente tanda se enredó. Engrasó el engranaje en redondo, muy despacio, con el toro ya menos descolgado. Faena medida, vital en Sevilla. La estocada le entregó un trofeo de ley.

El quinto fue un zambombo de 590 kilos que se agarró muchísimo a los adentros en banderillas. En paralelo al tercio, un poco más allá de la segunda raya, la mano derecha de Iván Fandiño fue oro molido. Por abajo, acinturado de verdad, la colocación para torear como los cánones dictan, la muleta planchada. El toro contaba con un fondo encastado en su mansedumbre aparente. La Maestranza vibraba con el temple ante el empuje. Tiempo entre series. A un inoportuno desarme se añadió que mozo y ayuda estaban en Babia. Cuando el matador volvió a la cara abrió al toro, que dijo que los medios le pesaban más que su tonelaje. ¿Si allí estaba embistiendo, para qué cambiar? Cosas que uno oyó siempre a veteranos maestros; cosas de viejo, supongo. El volapié otrora hubiera valido la oreja per sé. La presidencia se atrincheró. A lo peor estimó que había más voces que pañuelos. La vuelta al ruedo supo a gloria; la segunda sobró. La categoría se demuestra andando y Fandiño ya había entrado en Sevilla.

David Mora careció de baraka. No tiró nunca la toalla a base de valor. Pero, salvo con la mano izquierda, su técnica es nefasta. No ha corregido defectos cantados en 2011. Codillea sobremanera, se encorva, no saca los brazos con el capote y sólo las medias verónicas se ajustan a su figura por sus propios vicios.

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